y el rujido de un vinilo poco cargado de emociones me despertó de golpe, creo que era algo que sonaba casi como Dupree, pero no, no era Dupree, aquélla joya la vendí para comprarle las medicinas a tu rata, tú y ese roedor que pasa posado de hombro en hombro , que sigue roiendo mis libros de poesía Árabe y se sigue cagando en las pocos fotos que quedan de mí y mi hermana, me pregunto hasta cuando me obligarán a aguantar tanta estupidez. La aguja salpicó e hizo que el sonido comenzara de a poco a irritarme, tratando de evadirlo y dar fin a aquella hermosa tortura lanzaste el tren de madera de juguete que todavía guardas desde aquellos tiempos donde tu bisabuelo (del que casi no tienes memoria y que yo tampoco alcanzé a conocer) vivía junto a tu familia en aquella casona gigante de la esquina, que yo siempre comparaba con un barco hundido, donde cada uno de los miembros de tu familia bajaba a las profundidades de la cocina, evadiendo arrecifes de coral, en busca de tesoros como de pirata, con sus escafandras bien puestas a la hora de la cena.
Divagando me encontré, sobre esa insignificante rebanada de tu historia cuando me doy cuenta que estoy encerrado en el mismo cuarto mal iluminado y el olor de los trapos grasientos que usas como servilletas me sirve para despertar súbitamente, nauseabundo, sólo para darme cuenta que a penas puedo mirar a través de las rejillas que me separan de la neblina tiesa que abarca la ciudad desde temprano en la mañana, y aún no se disipa, aquella niebla se parece mucho al polvo que revolotea dentro de la única habitación que logramos rentar de momento, es bastante deprimente ver que corre el minutero y poder ver la suciedad, pero ya que no podemos ventilar muy seguido, se ha vuelto al menos encantador y algo romántico ver aquellas ínfimas pelusas pelear por un espacio en la poca luz que se deja ver.
Te dije que me dejaras hablar, que escucharas primero lo que tengo que decir, pero te rehusas a ponerme atención, te vas a un mundo donde sólo existen tu rata tu y la polilla que se posa en la ampolleta de tu habitación, que porsupuesto titila, porque nada funciona realmente bien en esta casita de muñecos, la vibración hace que aquellas hermosas alas de aquél mosaico alado se alzen en excitación palpitante y suelten ese polvillo que tanto me desagrada, que me dá escalofríos pero que a tí te dá igual, te parece gustar la mugre y la suciedad, la encuentras hermosa y apacible, sinceramente creo que yo también me estoy empezando a contagiar de aquella asquerosa pero dulce pretensión. Y no logré disuadirte de tu envoltorio color mazapán, así que no creo volver a intentar discutir aquello, mejor te dejo sólo, o acompañado por tu amiga, la polilla, quizás luego de que vuelva de la feria, la polilla se digne a abandonar nuestros aposentos para que te logres concentrar en lo que mañana será el comienzo de nuestra revolución.
Divagando me encontré, sobre esa insignificante rebanada de tu historia cuando me doy cuenta que estoy encerrado en el mismo cuarto mal iluminado y el olor de los trapos grasientos que usas como servilletas me sirve para despertar súbitamente, nauseabundo, sólo para darme cuenta que a penas puedo mirar a través de las rejillas que me separan de la neblina tiesa que abarca la ciudad desde temprano en la mañana, y aún no se disipa, aquella niebla se parece mucho al polvo que revolotea dentro de la única habitación que logramos rentar de momento, es bastante deprimente ver que corre el minutero y poder ver la suciedad, pero ya que no podemos ventilar muy seguido, se ha vuelto al menos encantador y algo romántico ver aquellas ínfimas pelusas pelear por un espacio en la poca luz que se deja ver.
Te dije que me dejaras hablar, que escucharas primero lo que tengo que decir, pero te rehusas a ponerme atención, te vas a un mundo donde sólo existen tu rata tu y la polilla que se posa en la ampolleta de tu habitación, que porsupuesto titila, porque nada funciona realmente bien en esta casita de muñecos, la vibración hace que aquellas hermosas alas de aquél mosaico alado se alzen en excitación palpitante y suelten ese polvillo que tanto me desagrada, que me dá escalofríos pero que a tí te dá igual, te parece gustar la mugre y la suciedad, la encuentras hermosa y apacible, sinceramente creo que yo también me estoy empezando a contagiar de aquella asquerosa pero dulce pretensión. Y no logré disuadirte de tu envoltorio color mazapán, así que no creo volver a intentar discutir aquello, mejor te dejo sólo, o acompañado por tu amiga, la polilla, quizás luego de que vuelva de la feria, la polilla se digne a abandonar nuestros aposentos para que te logres concentrar en lo que mañana será el comienzo de nuestra revolución.
1 comentarios:
Fei me gusta mucho leer las historias que creas.
Oh te conte que tengo ese libro que escribiste tu y me enviaste hace años?
ja
hare una confesion
cuando te extraño mi querido amigo
leo alguno de esos poemas.
Te quiero mucho
pd: Quiero ver mas dibujos, me gustan me gustan.
Publicar un comentario